El adolescente vive una difícil «postura existencial». Ello puede ayudar a comprender las «inestabilidades» y «vaivenes» emocionales a los que se ve sometido y que suele expresar en su conducta.
El adolescente suele tener una afectividad muy rica pero inestable; extremista en sus estados de ánimo (grandes alegrías y grandes tristezas) como si también en esto -como ocurre en el mundo intelectual- «quisiera probar de todo» y «a tope».
En efecto, vive todo de forma comprometida: se mete hasta el fondo. Es capaz de grandes depresiones o entusiasmos «irreflexivos». «Son capaces de lo mejor y de lo peor»...



