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La Milla Extra, para alcanzar el éxito hay que esforzarse constantemente en dar más de lo que se recibe
Dar más de lo que se recibe

Dar más de lo que se recibe

Muchos individuos -deberíamos decir la gran mayoría- fracasan porque renuncian demasiado pronto. Innumerables éxitos, como hemos visto, ocurren después de la “milla extra”.

Pero la “milla extra” tiene otro sentido, más sutil, de cierto modo.

Abarca un gran principio del éxito, en general poco conocido, que podría enunciarse así: para progresar en su trabajo, para obtener un aumento de sueldo, o un ascenso cuando se es empleado, para ganar el favor del público y la clientela cuando se trabaja por cuenta propia, hay que esforzarse constantemente en dar más de lo que se recibe. Es por esta misma razón que el empleado que no hace más que aquello por lo que se le paga, sencillamente no merece un aumento de sueldo.

En verdad, esta ley es muy simple, y por lo tanto sorprende que no se la conozca bien. Es la ley del retorno. Uno recibe lo que da.

Los que dan poco reciben poco. Tanto en el trabajo como en lo demás. Los diez hombres ricos, pese a los prejuicios mal fundados de los que quieren ensuciar su imagen, todos han dado mucho.

Se han dado en cuerpo y alma a su empresa.

La ley de la “milla extra” resume, además, el verdadero sentido de la riqueza: el del reconocimiento del público con respecto a un individuo que le ha dado mucho gracias a un servicio o un producto.

El que aplica el principio de la “milla extra” se ve siempre recompensado, tarde o temprano.

La compensación, que puede ser más o menos tardía según el caso, adquiere diversas formas, a veces inesperadas y sorprendentes. La más corriente es, evidentemente, el aumento de sueldo o el ascenso. Pero también puede ocurrir que esta compensación inevitable venga de otra persona que no sea el empleador actual para el cual la persona hace esfuerzos suplementarios. Existe una justicia inmanente que siempre se cumple. Muchas veces, la persona que no es retribuida en función de sus esfuerzos verá que le ofrece empleo otro empleador, en condiciones superiores.

Así, el principio de la “milla extra” encuentra también su aplicación, aunque de manera indirecta. A menudo, el empleado que estima que su empleador no reconoce sus esfuerzos y no le retribuye en consecuencia elegirá montar un negocio propio en el ámbito donde se esforzaba inútilmente. Pero ningún esfuerzo se pierde, nunca. Ese hombre cosechará, a su tiempo, los frutos de sus esfuerzos anteriores. Además, redoblando esos esfuerzos ese hombre recogerá también un beneficio indirecto inapreciable: adquirir un dominio que le permitirá enriquecerse un día u otro.

La ley del esfuerzo suplementario es de algún modo el equivalente, en el plano financiero, a la ley de conservación formulada por Lavoisier: “Nada se pierde. Nada se crea. Todo se transforma”. Recuérdela bien y no ahorre esfuerzos. Jamás son inútiles. Aunque no encuentren una recompensa inmediata, son como dinero en el banco. Y ese dinero trabaja para usted a una tasa de interés muy superior a lo que pueda creer.

Fuente: MI PRIMER MILLÓN de Charles-Albert Poissant y Christian Godefroy

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